Eh leído con algo de risa y asco la posible adición de 7 nuevos pecados capitales.
¿A alguien no se le ha ocurrido preguntar que por qué, en esa lista, no está la pedofilia? Los cardenales o el mismo papa responderían que el negocio familiar no puede ser maltratado.
En fin. Me quedé toda la noche y parte de las primeras horas del día leyendo un artículo que encontré en Internet, donde se desarrolla aquello que para nuestro país es aun algo desconocido; los negocios ocultos de la iglesia católica. Esta iglesia llamada “de los pobres”, no es muy pobre que digamos. Paga miles de millones de dólares en indemnizaciones (¿de dónde sale el dinero?) por infinitos de casos de abuso sexual, cuyos autores son sacerdotes “de la alta jerarquía”. El artículo ha sido tomado de la página “APIA”. (Y, seguramente, no será presentado por ninguno de los grandes medios de prensa, lujosas y pomposas páginas web. Pues la iglesia católica tiene influencias en los gobiernos y en muchas empresas)
Las noticias de escándalos sexuales en la iglesia romana han llenado los encabezados y las ondas difusoras en todo el mundo. Un gran número de sacerdotes ha sido acusado de la violación de menores de edad y muchos han ido a parar a la cárcel. Estas revelaciones han debilitado moral, financiera e institucionalmente a la Iglesia Católica de los Estados Unidos.
Pero la Iglesia Católica en los EE.UU. no se encuentra sola en esta crisis. Un gran número de sacerdotes en Irlanda, Australia, Polonia, Francia e Inglaterra ha sido también obligado a renunciar o a afrontar sentencias de encarcelamiento. “Los escándalos relacionados con sacerdotes que han violado a menores han salido a la luz en recientes décadas en parroquias a lo largo y ancho de los Estados Unidos y, de hecho, en todo el mundo. Miles de adultos han comenzado a hablar acerca de haber sido violados cuando eran niños, y muchos sacerdotes han sido enviados a prisión” (periódico The Los Ángeles Times, 9 de febrero de 2002, p. 1).
Tan sólo en los Estados Unidos, entre 2.000 y 3.000 sacerdotes han sido acusados de violación de menores, y al tiempo de este escrito 60 clérigos han sido dados de baja del sacerdocio. Según se ha informado, la Iglesia Católica ha pagado más de mil millones de dólares a las víctimas.
“La crisis va en aumento día a día –dice la revista ‘Time’– quizá con 2.000 sacerdotes acusados de violación en todo el país y con las líneas telefónicas especiales bloqueadas por el gran número de llamadas de las supuestas víctimas . . . Desde que el primer gran escándalo de violación salió a la luz en una demanda . . . en 1985 . . . se ha estimado que mil millones de dólares o más (han sido pagados por la Iglesia Católica)” (1 de abril de 2002, p. 30).
Tom Economus, quien encabeza una organización que socorra a personas violadas por sacerdotes, siendo él mismo una víctima del abuso sexual de un sacerdote, fija las cifras aún más altas. Él informa: “En la Iglesia Católica Romana hay más de 800 sacerdotes (que) han sido depuestos del ministerio como resultado de alegatos en contra de ellos . . . Un experto notable asegura que hay más de 5.000 sacerdotes con algún tipo de acusación en su contra. Si esto es verdad, quiere decir que hay entonces en los EE.UU. por lo menos 1.000.000 de víctimas directas del abuso sexual de los sacerdotes y entre 4 y 6 millones de víctimas indirectas” (de la página de Internet thelinkup.com).
Aunque la violación de menores no está limitada a los clérigos de la Iglesia Católica, el increíble número de acusaciones contra los sacerdotes y el número abrumador de niños afectados coloca este escándalo en una categoría única.
El principio del reciente escándalo
En enero de 2002, un caso escandaloso que implicó a un sacerdote de la ciudad de Boston quien fue acusado de violación de menores por un período de 30 años, suscitó un clamor nacional. “El escándalo se dio a conocer en enero en Boston, cuando se informó que un sacerdote que supuestamente había violado a más de 140 niños había sido transferido por sus superiores de parroquia en parroquia” (The Los Angeles Times, 7 de abril de 2002, p. 28). El sacerdote fue declarado culpable y se le sentenció a nueve años de prisión, y la arquidiócesis de Boston acordó pagar $30 millones de dólares a 86 víctimas.
Como resultado de este caso, muchas otras víctimas de la violación clerical empezaron a hablar a las autoridades civiles y a la prensa. Tan sólo en los alrededores de Boston, funcionarios católicos fueron obligados a revelar los nombres de otros 88 sacerdotes denunciados por mala conducta sexual con menores durante los últimos 20 años o más. Hasta ahora se han presentado otras 400 quejas de abuso sexual en esa metrópoli. Thomas Groome, católico destacado y profesor del Colegio Universitario de Boston, dice: “Este es nuestro 11 de septiembre”.
Presión de parte de las compañías de seguros
La arquidiócesis de Boston dijo recientemente que había conciliado tantas demandas de violación de menores levantadas en su contra que un fondo multimillonario de seguro se estaba agotando. Las compañías aseguradoras han amenazado con cancelar su cobertura sobre tales casos, lo que ha obligado a los funcionarios católicos a apresurar sus esfuerzos para detener la avalancha de demandas.
En Irlanda, la iglesia ha procurado negociar un acuerdo con el gobierno en su intento de mitigar los daños legales. “Con la esperanza de refrenar demandas generales –informa ‘The Los Ángeles Times’– la iglesia en enero (de 2002) negoció un trato de compensación con el gobierno (irlandés). Bajo este acuerdo, miles de personas que fueron violadas en las escuelas y orfanatos de la iglesia desde 1950 en adelante serán elegibles para recibir fuertes sumas de dinero, pero sólo si retiran sus demandas. La iglesia se comprometió a contribuir cerca de $110 millones de dólares, en su mayor parte bienes raíces, a una junta gubernamental de compensación. Se prevé que el monto del desembolso llegará a ser cuatro veces más que esa cantidad”.
Uno de los resultados no intencionales de este escándalo ha sido la revelación del vasto caudal que tiene la Iglesia Católica, puesto que ha estado pagando inmensas sumas de dinero a las víctimas por décadas, aunque muchos de los fondos se encuentran ligados a cláusulas de confidencialidad.
“El feroz escrutinio que está penetrando el velo que encubre la actividad sexual de la iglesia está igualmente empezando a descubrir el estado de las finanzas que por tanto tiempo ha mantenido oculto. Mientras que la crisis legal y moral de la institución va en aumento, así también aumentan las amenazas contra su fundamento económico, un fundamento que ya está bajo enorme tensión. Los casos registrados hasta ahora son “la punta del témpano”, y vendrá a costar miles de millones de dólares antes de que se termine”, dice Roderick MacLeish, un abogado de Boston que ha representado a más de 100 víctimas en la década pasada.
El mal del celibato
El meollo del problema es el asunto milenario del celibato, práctica obligatoria para todos los clérigos católicos que fue adoptada en el año 1139 en el Segundo Concilio de Letrán.
Aunque los dirigentes de la Iglesia Católica niegan que hay una conexión directa entre el celibato y la violación de menores por los sacerdotes, estudios serios hechos por sacerdotes actuales o anteriores aseguran que hay una correlación directa.
Richard Sipe, sicoterapeuta y monje benedictino jubilado quien más tarde se casó, condujo un estudio por 25 años sobre la práctica célibe de los sacerdotes. En 1995 publicó su conclusión: “El sacerdocio católico romano se encuentra en crisis. Es obvio que la crisis es sexual. . . La situación es más profunda y amplia de lo que a muchos de los feligreses les gustaría reconocer, pero un número sorprendente de funcionarios de la iglesia está enterado de su verdadero alcance” (Sex, Priests, and Power [”Sexo, sacerdotes y poder”], 1995, p. 6).
¿Cuán profunda es la crisis sexual en la iglesia romana? “En 1976 –añade Richard Sipe– yo estaba convencido de que tenía suficiente información para calcular que en cualquier tiempo el 6 por ciento de los sacerdotes católicos en los Estados Unidos estaban teniendo relaciones sexuales con menores. Desde 1985 he revisado otras 1.800 acusaciones de adultos que dicen haber sido violados por sacerdotes cuando eran niños. He visto también las historias de casi 500 sacerdotes que se sabe cometieron actos de abuso sexual. Estos estudios me convencen que el sistema célibe/sexual tal como existe actualmente fomenta y produce, y continuará produciendo en forma relativamente estable, sacerdotes que violen a menores. . .”.
Aunque las noticias sobre la violación de menores por los sacerdotes acaparan los encabezados, los pecados sexuales entre los clérigos católicos son mucho más amplios. “La violación de menores es tan sólo una parte del problema”, escribe Sipe. “Cuatro veces más sacerdotes tienen relaciones sexuales con mujeres adultas, y dos veces más de ellos tienen relaciones sexuales con hombres adultos” (ibídem, p. 45).
Otros expertos que han estudiado el problema consideran que las cifras de Sipe pueden ser moderadas y que el problema no se limita a los sacerdotes en los Estados Unidos. Gary Wills, ganador del premio Pulitzer, escribe: “El sociólogo jesuita Joseph Ficher acreditó un relato que decía que más del 30 por ciento de los sacerdotes alemanes han tenido relaciones sexuales con mujeres. Andrew Greeley dice que el 25 por ciento de los sacerdotes menores de 35 años son homosexuales, y que la mitad de ellos son practicantes activos de actos sexuales. Jason Berry informa que seminaristas le dicen que la cifra dada por Greeley debería doblarse [al 50 por ciento]” (Papal Sin, Structures of Deceit [”Pecado papal, estructuras de engaño”], 2000, p. 186).
Aumenta el número de sacerdotes homosexuales
Estas cifras subrayan una tendencia creciente a medida que más homosexuales se incorporan a las filas del sacerdocio católico.
“En algunos casos –escribe Gary Wills ha habido informes de seminarios en los que predominan los homosexuales y el ambiente dentro de ellos ha llegado a ser tan intolerable que los seminaristas heterosexuales, sintiéndose incómodos, finalmente se retiraron. Los homosexuales mismos hacen notar el cambio. En una encuesta de 101 sacerdotes homosexuales, los que fueron ordenados antes de 1960 recuerdan que sus seminarios constaban de un 51 por ciento de homosexuales. Los que fueron ordenados después de 1981 dicen que en sus seminarios había un 70 por ciento de homosexuales. La existencia de estas encuestas es en sí una señal de la condición alterada de los homosexuales en el sacerdocio. Una mayor tolerancia ha hecho posible saber más acerca de la existencia y las actitudes de sacerdotes homosexuales, cuya red interna era casi invisible a los de afuera hasta décadas recientes. . .
“De hecho, la aceptación de hombres y mujeres casados en el sacerdocio –que tarde o temprano ocurrirá– podrá ocurrir por razones incorrectas, no porque las mujeres y la comunidad lo merezcan, sino por el pánico al llegar a la percepción de que el sacerdocio se esté volviendo predominantemente homosexual” (ibídem, p. 290).
¿Por qué no se da a conocer?
¿Por qué la información acerca de estos escándalos ha sido revelada principalmente en los países de habla inglesa?
Mucho de esto tiene que ver con las sociedades más reservadas de las naciones en vías de desarrollo. Informar acerca de la violación en ellas es mucho más difícil de lo que es en los Estados Unidos o en Europa. “Debo mencionar aquí que en las culturas africana, latina y sudamericana la ‘mujer del sacerdote’ y aun los obispos casados parece ser algo que se da por sentado” (ibídem, p. 72).
De acuerdo con Robert Pelton, profesor de la Universidad de Notre Dame, “el problema es de todo el mundo, pero se le echa más luz en el llamado Primer Mundo. Es más difícil en Latinoamérica desafiar a la Iglesia Católica, y muchos dirían que están más preocupados por el pan de cada día que por este tipo de preocupaciones” (periódico The Boston Globe, 8 de abril de 2002, p. 1).
El artículo continúa diciendo: “El reverendo Joseph J. Guido, profesor de psicología en Providence College, condujo una encuesta de superiores en una orden religiosa católica no especificada, y encontró que el 83 por ciento de los norteamericanos sabían de una acusación de violación en contra de uno de sus sacerdotes, comparado con el 43 por ciento en Centro América y en el Caribe, y una tercera parte de África, Asia, Europa y América del Sur. La investigación sugiere. . . que la violación de menores es un problema para la iglesia en todas partes, escribió Guido en la revista América, un semanario jesuita. Sin embargo –escribió– fuera de los Estados Unidos es más probable que los superiores religiosos de la orden estén más al tanto de la mala conducta sexual de los sacerdotes con adultos que con menores. En varias partes del mundo de habla inglesa, los escándalos de violación han surgido durante las dos décadas pasadas, lo que le ha costado a la iglesia cientos de millones de dólares e incalculable prestigio”.
Ya no se puede ocultar
¿Por qué tomó tanto tiempo descubrir lo que ha estado ocurriendo?
“La Iglesia Católica Romana –explica la revista ‘Time’– es una jerarquía severa que siempre ha mantenido secretas sus deliberaciones, se ha vigilado a sí misma y ha emitido órdenes desde arriba. Un sacerdote obediente asciende en el poder guardando silencio, ganando recompensas por habilidades burocráticas y ortodoxia estricta. . . Si alguna denuncia llegaba a la atención de la diócesis, el obispo, una autoridad en sí mismo quien con frecuencia operaba como si la ordenación le hubiera dado una porción de la infalibilidad del papa, actuaba como fiscal, juez y jurado. Ansiosos de retener aun a hombres pecadores, a medida que el número de sacerdotes no disminuía en forma alarmante, y siempre poniendo la imagen de la iglesia en primer término, los obispos refinaron el sistema. Persuadían a la familia (de la víctima) de que la publicidad dañaría la fe. Que no se quejara a la policía ni se lo advirtieran a la parroquia. . . Y si alguna víctima llegaba al extremo de presentar una demanda, la estrategia era de no confesar nada, de comprar el silencio, de llegar a un acuerdo fuera de los tribunales y de sellar un acuerdo con un contrato de confidencialidad” (1 de abril de 2002, p. 31).
Fuente: Matices de opinión
Post-data:Agradezco al autor de este blog por permitirme publicar la primera parte y también le doy las disculpas del caso no indicar qué parte de su texto era.
sábado 22 de marzo de 2008
La verdadera imagen de la Iglesia Católica (Parte 1)
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3 comentarios:
Amen
No hombre, no pasa nada.
Un brazo y gracias a ti por rescatar mi texto.
Oca,de nada estimado.
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